Alexis Villagra es psicólogo especialista en sexualidad y discapacidad y tuvo a su cargo los talleres de “
Vínculos y Sexualidad” que se ofrecieron a jóvenes, familias y profesionales en
el mes de mayo en nuestra institución, que permitieron poner sobre la mesa un
tema del que poco se habla en el entorno de las personas con discapacidad.
Una mezcla de tabúes y desinformación
alejan a estas personas de la posibilidad de vivir su sexualidad en forma
libre, y nos invitan a re-pensar y reflexionar acerca de cómo romper este paradigma,
que empieza con algo tan simple como naturalizarla.
¿Cómo
vemos el cuerpo del otro?
El cuerpo está visto en
discapacidad desde una cuestión de falta, desde las deficiencias. Esta forma de
verlo es bastante influenciada por una cuestión capitalista: el cuerpo que no
produce, que no vende, que no entra dentro de los estereotipos que buscan
imponerse. Sin embargo está habiendo un
cambio en eso, pero todavía la visión del cuerpo debe ser de lo que más difícil
se hace en discapacidad. Hay una idea de
la sexualidad muy estructurada, muy conservadora. No se piensa al sexo en un
cuerpo con esas características diferentes (que tengan una falta, alguna
deformidad o disfuncionalidad). La sexualidad es un
tema que tendría que ser mucho más naturalizado de lo que es.
Vos
propones una “mirada ampliada”, ¿cómo sería?
La idea más amplia de la
sexualidad tiene que ver con esto de que es algo inherente al ser humano y que
se manifiesta en muchas otras cuestiones que no tiene que ser puramente
sexuales, desde lo carnal. Una forma de vestirse es una manifestación de
sexualidad, una forma de peinarse, de sentarse. Lo importante de ampliarla es
abrir otras maneras de manifestación que incluyan a personas en general y no
solamente a acciones sexuales. Si nos quedamos con una sola forma de
manifestación de la sexualidad muy poca gente entraría en esa forma.
El derecho a ser persona no puede limitar
la sexualidad, es parte de nuestra
esencia. Al mismo tiempo no es sólo una cuestión de ese derecho, sino también
de otros que van de la mano, como el derecho a la vinculación, a la expresión,
al uso del propio cuerpo como uno quiero usarlo.
¿A
qué te referís con tu idea de que la sexualidad tiene que ver tanto con lo
público como con lo privado?
La sexualidad tiene que
ver con lo público y lo privado a mi entender por distintas cuestiones. Lo
público es justamente hablar de sexualidad, que circule información, que se
trabaje, que se piense y se explique. Es un deber que tenemos que llevar a cabo
todos, dar buen buena información y habilitar espacios para que se hable de
sexualidad es un deber de todos. Y es privado porque cada uno vive su sexualidad
a su forma, no tiene que ser invadida. La
interconexión entre lo público y lo privado es justamente ver cuál es el
límite: cuánto expongo al otro y hasta donde.
¿Cómo
contribuir, desde cada lugar, a que las personas con discapacidad puedan vivir
su sexualidad?
Creo que empieza con algo
muy simple: naturalizarla. Pero antes que eso hay que “subjetivizar” a esa
persona, es decir, que sea considerada sujeto en todos sus sentidos. Es una
sexualidad amplia, diversa, con derechos. Si encontramos todo eso estamos
ayudando a que se de.
En realidad así debería
ocurrir con cualquier persona, tenga o no tenga discapacidad. Puede ocurrir con
la homosexualidad también, por ejemplo.
¿Con
qué tiene que ver la figura del “asistente sexual”?
La asistencia sexual es
una herramienta o un conducto para que una persona con discapacidad pueda
desarrollar, expresar y disfrutar de su sexualidad. El hecho de que sea alguien
preparado y dispuesto a generar ese trabajo ayuda a un respeto mayor de esa situación.
Muchas veces vemos que se
intenta dar lugar a la sexualidad a través de una prostituta, o incluso hay
casos en donde los padres mismos buscan la forma de generar esas situaciones
sexuadas, no con mala intención, y no estamos viendo los inconvenientes que
puede traer eso. El tener un asistente sexual implica de alguna manera
habilitar la sexualidad del otro, amplia, de distintas formas. No tiene porque
ser un acto puramente sexual, sino una compañía, un roce o compartir con
alguien.