Karina Gómez es desde hace más de 10 años una profesional especializada en el campo de la discapacidad, tarea a la que se dedica con gran vocación. Casi a la par de su título, llegó su hija Milagros, quien sin saberlo, la llevaría a vivir la discapacidad desde su rol de mamá. En el Día de la Mujer, una historia de vida real y genuina, de corazón a corazón.
Karina es una de las profesionales que integra el staff de CEIN: se dedica al acompañamiento familiar, la inclusión escolar y la atención temprana.
A poco de finalizar la carrera, llegó a su mundo Milagros, su única hija mujer. La pequeña nació con una “enfermedad rara” denominada Osteogénesis Imperfecta o “niños con hueso de cristal”. El diagnóstico llegó a los seis meses de vida y estudios genéticos determinaron que Karina también la portaba, pero en una forma no manifiesta. Hoy aquella pequeña es una adolescente que en pocos días cumplirá 15 años y ya comienza a preguntarse cómo será su futuro como mujer.
Karina recuerda que el golpe se sintió y la incertidumbre, muy común ante estas patologías, no le fue esquiva a pesar de su conocimiento especializado en el tema. Sin embargo, lo supo capitalizar de la mejor manera: retroalimentando ambos roles de sus propias vivencias. “Al principio me costó salir del estado de angustia, pero luego me ayudó a entender y a tener más herramientas en mi profesión. La verdad es que como trabajo en el área, la enfermedad de mi hija se me hizo muy chiquitita: ver a diario situaciones o dificultades de otras familias, hizo que lo mío se vuelva pequeño. La vida me puso, siempre lo digo, de los dos lados del mostrador: como mamá y como profesional. Como mamá, es duro el camino, pero yo creo que estamos acompañados. Hay que golpear puertas, pedir ayuda, interiorizarse, no hay que quedarse. Como profesional, me toca vivenciar y acompañar a las familias, porque ellos tienen que saber donde están parados, cómo accionar, etc.”, analiza.
Ser mujer: un plus y un espacio al que no debemos renunciar
Para hacer frente a estas como otras tantas situaciones de la vida, las mujeres contamos con una herramienta infalible: la sensibilidad. “Creo que ese es un plus que tenemos. La discapacidad es una palabra muy amplia. Todos tenemos algo que nos cuesta, algo a lo que no podemos acceder como quisiéramos y que necesitamos del otro para esto. No podemos solos, siempre necesitamos de otro”.
Esa misma sensibilidad es la que ha empujado a Karina a seguir adelante como profesional, como mamá y como mujer. “Me interesa destacar que no porque tengamos un hijo o un familiar con alguna patología nuestras vidas como mamás o como mujer quedan opacadas, o fuera de foco. Ellos, para crecer, necesitan también de una mamá feliz, y por ello debemos seguir con nuestra vida y con nuestros proyectos, no somos malas por hacerlo. Nos fortalece”.
Milagros, por su parte, crece en un entorno de vida completamente normal, con las adaptaciones y cuidados necesarios. Y ya comienza a preguntarse cómo llegará a ella la maternidad, si podrá afrontarlo, si tendrá la fortaleza de hacerlo, si encontrará a alguien que la proteja de su “fragilidad”. Preguntas muy comunes en las personas que, al igual que ella, dejan trascender sus sueños por encima de cualquier condición. ¡Feliz día, soñadoras!