¿Qué sienten los más pequeños cuando ven a los adultos a las
corridas? ¿Cómo repercute esta época del año en sus conductas y emociones?
¿Cómo cuidarlos?
Apenas se
asoma diciembre empieza una carrera contra el tiempo, y ni hablar cuando se
aproxima el final del año: para la mayoría implica tiempos de festejos, despedidas,
reuniones familiares, cierres, balances y actos escolares. Pareciera que todo
lo que no logramos concretar en 12 meses, o mejor dicho en 365 días, nos
apurara a cumplirlo antes del 31 a las 00 hs.
A los adultos nos genera un desajuste, cambios de rutinas, pensamos lo
que fue, lo que podría haber sido y lo que es. Y a esto se suma el cansancio de
un año que viene con peso de mochila.
Pero, ¿qué les pasa a los niños cuando nos ven “corriendo”?, ¿Sentirán
las consecuencias y la carga de fin de año como los adultos? ¿Repercutirá en
sus comportamientos y estados anímicos?
Claro que sí. Aunque tienen corta edad y tamaño pequeño, sienten el
cansancio de las mil y un actividades realizadas en el año y todas sus
exigencias, a lo que se suma el reencuentro con la familia.
No es menor el dato de que a fin
de año aumentan las diarreas, las dificultades para conciliar el sueño,
ansiedades, conductas de irritabilidad, miedos, entre otras. Entonces, ¿cómo
podemos los adultos anticiparnos y cuidar a los más pequeños en estas épocas de
apuros, destiempos, festejos, excesos y cambios?
En primer lugar, TRANSMITIR TRANQUILIDAD:
sabemos que inevitablemente las inquietudes, ansiedades y temores de los
adultos son transferidas a los más pequeños; lo perciben en su postura, en sus
gestos, en sus palabras. Por lo tanto, si transmitimos ansiedades, también
podemos transmitir calma.
Es importantes PLANIFICAR Y ORGANIZAR
LAS ACTIVIDADES CON TIEMPO: para que no implique vestirse a las apuradas,
comer a las apuradas, salir corriendo. Es necesario, además, hacer partícipes a
los niños; poner en palabras lo que harán, lo que pasa y pasará. Hagan el
ejercicio de pensar qué les generaría a ustedes que, de un día a otro, lo que
hacían, ya no se hace, ver a todos de un lado a otro, que los llevan, los dejen
y luego los busquen sin demasiadas explicaciones, y que una noche se encuentren
en una casa llena de familiares, viéndose en la obligación de saludar, aun
cuando no son conocidos. Y de repente, fuegos artificiales, ruidos, risas y
llantos. Y NADIE LES DICE NADA.
No olviden que los niños están en desarrollo, aprendiendo lo que es el
mundo más allá de ellos, aprendiendo a conocer y reconocer sus emociones.
Entonces merecen que nos detengamos a dialogar con ellos, con palabras y
dibujos, videos, imágenes; responder a sus preguntas e inquietudes para que
puedan entender mejor lo que sucede.
Es cierto que las fiestas son momentos para compartir, distenderse y
pasarla bien, pero es importante entender que esto NO IMPLICA QUE SE ROMPAN POR COMPLETO LOS HÁBITOS Y RUTINAS DIARIAS.
Intentemos no exponer a los niños a excesos de alimentos, de calor. Respetemos sus
preferencias y necesidades, estemos alertas a la ingesta de agua para evitar
deshidrataciones. Velemos por su sueño ante el cansancio, estemos alertas a los
sobre-estímulos.
En Nochebuena no olvidemos ANTICIPAR
EL MOMENTO DE LAS DOCE, el ruido y fuegos artificiales, no los obliguemos a
presenciar estos momentos, ofrezcamos la posibilidad de permanecer en una habitación
más alejada al ruido extremo, en compañía y con alguna actividad de su agrado.
Deseamos que cada integrante de la familia, desde el más grande al más
pequeño, TENGA UN FIN DE AÑO FELIZ; que prevalezca el amor por sobre el
cansancio, que se respete a todos y que florezcan los lazos de cooperación y comunicación
en cada momento.
¡FELICES FIESTAS!