Desde hace algunos días resuenan en el ambiente palabras que tienen gusto feo: “fin”, “queda poco”, “terminan las vacaciones”.
Lamentablemente los adultos tenemos la costumbre de asociar el inicio de clases con el fin de las vacaciones, y si bien esto implica retomar obligaciones, para los chicos no necesariamente se debe terminar el placer de jugar, compartir y descansar.
Volver al colegio no puede traer como consecuencia la sensación de abandono de la recreación, del disfrute del tiempo libre, de los juegos y de los momentos en familia. Por el contrario: estas situaciones se siguen viviendo, siempre y cuando la familia genere modos que aseguren el bienestar de todos.
Vacaciones, ¿para qué?
Las vacaciones incrementan la productividad durante el resto año, ya que durante ese momento la persona realiza actividades libres y placenteras, supera la ansiedad y las tensiones cotidianas, pone la mente en aspectos más placenteros. La recreación es fundamental para la salud, para mejorar la calidad de vida.
En la infancia estas situaciones significan “juego”, algo natural para los más pequeños. A través del juego manipulan fenómenos exteriores al servicio de los sueños, crean nuevas comprensiones y sentimientos sobre el mundo, despliegan nuevas posibilidades que los preparan para actividades y roles que ejercerán en el futuro.
El juego es también un método natural de aprendizaje, un canal para metabolizar tensiones y conflictos, fomenta la autonomía e independencia de los chicos, el intercambio y la autodeterminación.
Jugar en todo momento
De esta maneta es importante recalcar que los más pequeños deben realizar actividades recreativas durante todo el año, y no dejarlas en la valija para las próximas vacaciones.
Para Winnicott jugar tiene un lugar y un tiempo, y éste no se encuentra adentro ni afuera. E incluso postuló la existencia de un espacio potencial entre bebé y madre, que varía, en gran medida, según las experiencias vitales del niño con su madre.
Winnicot agrega: “El juego es por sí mismo una terapia. Conseguir que los chicos jueguen es ya una psicoteraia de aplicación inmediata y universal. El juego es una experiencia siempre creadora, una experiencia en el continuo espacio-tiempo, una forma básica de vida”.
Y los adultos también debiéramos, buscar momentos de esparcimiento, encontrarnos con nuestros hijos en el juego y alejarnos de las obligaciones cotidianas para renovar las energías y estar mejor preparados para la rutina de cada día.
¡Que las vacaciones no terminen cuando asoma marzo!
Por Julieta Tiseira