Aunque ya llevamos algunas semanas de clases, “la vuelta al aula” puede generar mucha ansiedad y nerviosismo, tanto para los estudiantes como para sus familias, y la adaptación lleva su tiempo. La licenciada María Salomón, licenciada en Psicopedagogía e integrante del equipo interdisciplinario de Inclusión Escolar de nuestra institución, nos cuenta como sobrellevar esta etapa tan importante de la mejor manera.
El inicio de la escolarización marca un hito en la vida de cualquier persona. Y el cúmulo de sensaciones que trae aparejados son igual de intensas tanto para el propio estudiante, como para sus familias. Justamente son las familias quienes, junto a los maestros, deben acompañar este inicio para bajar esa ansiedad dado que lo que le sucede al niño/joven es esperable, y más aún si comienza un nuevo ciclo, si se ha cambiado de escuela, si va a tener nuevos compañeros, nuevos docentes/profesores; etcétera.
“Se generan sensaciones nuevas frente a esta primera vez y la presencia del propio entorno es nodal para poder sostener todas las emociones del “nuevo desafío”. La idea es que los adultos generen entusiasmo por ir a la escuela/jardín, y no trasmitirles ansiedades propias; acompañarlos con calma, mostrarse confiados, hacerles sentir que están creciendo y que irán aprendiendo cosas nuevas”, explica Salomón.
La necesaria “adaptación”
Es normal que los primeros días se manifiesten determinadas conductas como no conciliar el sueño, falta de apetito, llantos. Todo tiene que ver con el tiempo que le demandará a cada niño la adaptación a este cambio de rutina. Debemos acompañar desde el principio para evitar situaciones de estrés que a la larga podrían traer aparejado otras situaciones.
Las familias y la escuela, deben permitirse un espacio de dialogo, explicar la rutina escolar y familiar, realizar un recorrido por la escuela, presentar a todos los actores que allí trabajan con roles y funciones. Señalarle a niño quien lo retirará de la escuela, quien lo estará esperando en la casa, etcétera.
Prepararnose juntos
“Ir a comprar los útiles escolares, armar la mochila en familia; si tienen hermanos, que ellos les narren sus experiencias en la Institución; también los padres pueden contarles cómo fue su inicio escolar cuando eran pequeños. Todas estas herramientas nutren y fortalecen al niño/a, ya que refuerzan la idea de que los demás también han pasado por esa experiencia que hoy le toca vivir a él”, detalla.
Una vez que ya han comenzado las clases y ya tienen el cronograma de horarios fijos, es recomendable armar un calendario de guía para ordenar las materias y también para cumplir cada día con lo que se solicita desde la escuela/jardín.
La vuelta a casa también debe ser “contenida”: al regresar de la escuela es bueno permitirles un tiempo de descanso y ocio antes de realizar las tareas. Controlar su alimentación y horas de sueños, favorecer los tiempos de inicios desde la palabra, alentar en todos los nuevos aprendizajes que va a ir construyendo junto a docentes y pares; darle confianza y que puedan visualizarla más allá de las dificultades que se presenten a lo largo del ciclo lectivo.
Crear canales de diálogo con la escuela
La escuela y la familia deben generar canales de comunicación positivos, que se enmarquen en un dialogo permanente. Las diferencias deben tratarse de forma personal, siempre en pos de favorecer el proceso de aprendizaje del estudiante.
Por eso es importante que las familias conozcan los docentes, pidan permiso en los trabajos para asistir a las reuniones de inicio donde se explica cómo van a trabajar, desde dónde, con qué materiales y libros, etcétera.
El reconocimiento de los padres y de los docentes es muy importante para que el estudiante ponga en marcha el deseo de aprender. “Todo niño/joven va construyendo su historia a través de otros enseñantes: para que aquellos puedan constituirse como sujeto de deseo de aprender y ser autor de sus propios aprendizajes, necesita esos “otros” que lo posicionen como tal, que habiliten el espacio para que el sujeto pensante aparezca”, finaliza María.