Si bien, desde hace algunos años, en nuestro país se han ido
desarrollado políticas
gubernamentales que promueven y apuntalan la inclusión de
personas con discapacidad
tanto en escuelas de carácter estatal como en las privadas,
aún resta camino para que
funcione de acuerdo a la demanda, que inclusive, se ha ido
incrementando en tiempos de
pandemia.
Ya lo garantiza la ley de Educación Nacional 26.206, en su
artículo 11, inciso n, donde se
dispone a “Brindar a las personas con discapacidad, temporal
o permanente, una propuesta
pedagógica que les permita el máximo desarrollo de sus
posibilidades de integración y el
pleno ejercicio de sus derechos”.
A su vez, la resolución ministerial 1825/19 plantea la
necesidad de garantizar el
acompañamiento de las trayectorias escolares de los
estudiantes con discapacidad,
disminuyendo y/ o eliminando toda barrera física, ambiental
y de organización institucional.
La Lic. María Salomón, miembro de CEIN Atención a la
Discapacidad, (el primer centro
interdisciplinario de discapacidad de Córdoba que logró
unificar la rehabilitación e inclusión
escolar), afirma que además de las garantías de las
prestaciones, se debe atender “las
particularidades de cada niño/niña o joven estudiante en
situación de discapacidad,
identificando las barreras para la evaluación, atención y
seguimiento, ya sean transitorias o
permanentes, dentro del ámbito de la educación común en
todos los niveles, asegurando la
trayectoria del estudiante”.
No hay dudas que la asistencia de un docente de apoyo a la
inclusión escolar, es una
necesidad en la formación educacional de los niños,
adolescentes y adultos en situación de
discapacidad que están transitando algún nivel educativo.
Pero en la práctica, actualmente,
no está garantizado.
La pandemia no sólo expuso aún más la demanda, sino que
también dejó al descubierto la
acotada oferta que hay para hacerle frente a estas
prestaciones, por las falencias del
sistema en general y por la dificultad que encuentran las
familias para acceder a las
mismas.
Al respecto, Alejandra Carbajo, del Equipo Directivo de
CEIN, señala que esta
sobredemanda respecto a la figura de Apoyo a la Inclusión
Escolar, está íntimamente
relacionado con una tendencia a nivel sociedad de
patologizar ciertas conductas de la
infancia. Estas conductas, que no necesariamente son
patológicas, sino que simplemente
no entran dentro de lo que como sociedad entendemos como
conducta esperada/ deseada
o mejor dicho normada, situaciones potenciadas por la
decisión de abordarlas como una
problemática individual de un niño particular y no como algo
a resolver de manera grupal y
con dinámicas adecuadas para el grupo en cuestión.
A esta situación, se le suma la poca oferta en el sistema de
educadores que brinden este
servicio por múltiples razones. Los profesionales encuentran
dificultades en el plano
económico, no solo por los bajos aranceles fijados por la
Superintendencia de Servicios de
Salud, sino también por las demoras en la cadena de pagos.
Al respecto la Lic. María Salomón, observa que la
complicación del sistema está ligada a la
operatividad de las obras sociales. “Los aranceles son bajos
y los pagos por parte de las
obras sociales son muy tardíos. Hay obras sociales que
tienen una demora de pago por las
prestaciones de casi tres meses”.
Además, hay que tener en cuenta que, el rol de la docente de
apoyo, no es solo el que lleva
adelante en el aula; sino que se suman variables que hacen a
su actividad: los traslados
hacia la escuela, la preparación del material teórico, las
reuniones con los familiares, con los
equipos educativos. “Eso muchas veces multiplicado por tres
estudiantes para poder llegar
a cubrir la demanda y las necesidades económicas de la
profesional prestadora”, asegura la
licenciada.
CEIN y su misión de sostener y validar el rol de la docente
de Apoyo a la trayectoria
escolar.
CEIN, funciona desde hace más de 25 años en el corazón de
barrio General Paz Córdoba y
desde sus inicios está abocado a brindar asistencia y
prevención a las infancias en situación
de discapacidad.
Como institución, visualizan que sería conveniente que se
revise el posicionamiento de la
figura de apoyo a la inclusión escolar dentro del ámbito
escolar y el sistema de salud,
teniendo en cuenta que el profesional que brinda este apoyo
se desempeña en ámbitos
educativos, en condiciones de inestabilidad e incertidumbre
constante.
Al mismo tiempo, señalan que las instituciones categorizadas
que brindan este servicio, se
encuentran atravesados por las mismas variables
desfavorables: honorarios
desactualizados, tardanzas de hasta tres meses en la cadena
de pagos, múltiples
exigencias respecto a la organización profesional,
habilitaciones, medidas de seguridad e
insumos necesarios para brindar servicios seguros y de
calidad.
Destacan, además, que merece una profunda reflexión, el
hecho de que una persona para
acceder a estos apoyos en el contexto escolar, debe tener un
certificado de discapacidad.
Esto, encuadra a las problemáticas del aprendizaje y del
desarrollo infantil dentro de lo
patológico, el déficit, a fin de cuentas, en la esfera de la
enfermedad. Sin embargo, CEIN
trabaja para visibilizar nuevos paradigmas y miradas hacia
la problemática de la inclusión
escolar.
Es así, que el abordaje está centrado, desde el primer
momento, en el niño, su familia y
entorno. Siendo la columna vertebral de esta institución, es
el desarrollo de un trabajo en
equipo que se desempeña de manera especializada, humana,
creativa y actualizada.
En estas más de dos décadas de vida, CEIN se ha convertido
en un lugar consolidado, de
referencia en discapacidad en la provincia de Córdoba y el
país. Desde su rol, busca ser el
nexo y promotor de diferentes instancias de diálogo entre
las escuelas, los profesionales
abocados a la integración escolar y las familias que
requieren de los servicios y no tienen
tiempo que perder. Hablan de la educación y la salud de sus
hijos ¿hay algo más
importante?
Lamentablemente, sin olvidar lo importante, deben hacer un
llamado a pensar en lo urgente
y velar por una reestructuración del sistema, que permita a
las diferentes partes subsistir y
garantizar sus derechos: familias, profesionales, escuelas.
De esta manera consideran que se podría enfocar enteramente
el trabajo a las necesidades
de las personas con discapacidad, a la propuesta de
diferentes terapias e innovaciones
para sumar en su calidad de vida, y no dividir el esfuerzo
en pos de desarrollar habilidades
para sortear las dificultades de un sistema que presiona y
cierra puertas.